Costumbres Bárbaras

En el Perú las corridas de toros siguen siendo legales, lo que dice mucho de nuestra sociedad y de los grupos de poder que la regentan.
Los argumentos usados por los defensores de la tauromaquia (entre ellos algunos periodistas) buscan apelar al sentido de pertenencia cultural, pero son fácilmente rebatibles. Desde este espacio nos daremos el sanguíneo placer de hacerlo.
1. Nadie los obliga a ir.
Exacto, pero la tauromaquia esta lejos de ser un espectaculo inofensivo que simplemente puedes ignorar. En este caso se desarrolla la tortura de un ser vivo hasta su muerte. El asunto trasciende los gustos y se centra en dejar de hacer algo que no es correcto.
2. Sin las corridas la raza desaparece
Basta recordar que hablamos de una raza cuya única finalidad es ser torturada cruelmente hasta la muerte. Si realmente fuera apreciada, bastaría con criar toros que sean expuestos como especímenes sobresalientes por su garbo, fuerza o belleza. No es que admiren a los toros de lidia, solo les sirven para hacer espectaculo.
3. Es tradicional/Parte de nuestra cultura/Arte/Costumbre
Puede ser parte de nuestra cultura, adoptada de la conquista española, y puede tener un carácter tradicional; pero esto no justifica su aceptación. El calificar un fenómeno como "cultural", o que sea una costumbre no implica que sea correcto: "La hora peruana", la "criollada", los famosos "bautizos" en el ejercito, o el botar la basura por la ventana de la combi son claros ejemplos de esto. Ni hablar de los sacrificios humanos y las peleas de gladiadores: "costumbres" que hemos dejado de lado por obvias razones.
Por último, el arte persigue el deleite de los sentidos. Si encontramos deleite en torturar a un animal de maneras "elegantes", entonces debemos reflexionar sobre el tipo de sociedad que somos. Adicionalmente, el arte debe ser una actividad constantemente perfectible; es decir, siempre existirá alguien que lo haga mejor, constantemente hasta el infinito. Si aplicamos este principio al mundo taurino, tal vez la mejor aproximación a una muerte perfecta sería una rápida e indolora; lo que es exactamente lo opuesto a lo que se ve en una plaza de toros.

No podemos redondear la idea del texto sin aclarar que inevitablemente la tauromaquia tiene los días contados.  La pregunta sensata entonces sería: ¿Cuándo?
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